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jueves, 15 de marzo de 2007

Yo de pequeño

Hoy le he vuelto a ver.
Yo iba a mis clases y él a las suyas.
Yo iba con mi mochila y mis apuntes y él con su mochila y sus libros.
Yo iba con prisa y él también.
Yo tengo 22 y él tendrá 8 años.

Es un chaval que me lo suelo encontrar cuando voy a clase por las mañanas. No tiene nada de especial, salvo que me hace recordar aquellos días en los que yo también iba solo a clase. Con la misma cara de frío, con la misma cara de ilusión y de temor por ver qué le deparará este nuevo día, con esa mirada perdida en la misma calle que le toca recorrer día tras día. Y cuando ya todos sus compañeros vayan también ellos solos a clase, y presumirán de que ya son "mayores", tú te dirás: menuda novedad! yo llevo media vida yendo solo a clase...

Ya llevo tres cuartas partes de mi vida yendo solo a clase!

jueves, 8 de febrero de 2007

Sobre el suicidio

Aprovecho la coyuntura actual para soltar esta entrada .

Qué decir de este tema... son de esas cosas que solemos esquivar, que solemos evitar, con las que giramos la cabeza hacia otro lado, pero que siempre están presentes, más cerca o más lejos, pero están ahí. Me jode cuando alguno de mis amigos está de bajón y habla de hacer una tontería, y aunque no hablen en serio, yo me siento impotente, sin saber qué hacer. Recientemente he llegado a estar muy preocupado por una persona en concreto, pero al final no era "nada". Un consejo: aguantad el tirón, aunque estés tres años de capa caída, al final sales, no hay nada para siempre, para bien y para mal, y cuando ya estés bien de nuevo, tendrás mucho camino andado, ya no volverás a caer en los mismos errores y cada vez que la vida te sorprenda lo valorarás de verdad. Es un mito que después de una situación como esta vayas a vivir a todo tren, y que sólo vayas a divertirte y a disfrutar que son dos días, realmente aprendes cual es el verdadero valor de la vida, y aunque no la exprimes todo lo que podrías, sí que paladeas cada momento de forma especial.

"La vida da muchas vueltas, a veces demasiadas y cuesta no marearse". El suicidio aparece en la mente cuando la vida no tiene ningún sentido, ninguna razón de ser, porque aquello por lo que lucharías se ha perdido o ya no importa... En primer momento pensé que había llegado a aquella situación por Betania, pero no era por ella, era por lo que yo pensaba que encontraría en ella y no encontré. Desde fuera todo se vé muy claro, pero desde dentro no quieres ni abrir los ojos. Realmente es muy duro levantarse por la mañana pensando si será hoy el día, si hoy tendrás el valor o la cobardía de hacerlo, de acabar con todo de una vez. No ves salida porque no puedes verla, no puedes verla porque no quieres verla. Recuerdo que me aferraba a cosas insignificantes como devolverle el Office a Iruka, no podía quedarme con sus Cds, antes tenía que devolverselos... Tenía pensado saltar por la ventana, pero vaya espectáculo, no?! Incluso había calculado la velocidad a la que llegaría al suelo... Recuerdo que salía al balcón y miraba al cielo, a las estrellas y luego al suelo, ese suelo tan familiar, demasiado familiar, ese suelo era mi puerta, mi salida. En esos momentos, tampoco piensas mucho en la familia, en los amigos... únicamente eres tú y tu mierda. Una vez reventé en casa y dije las intenciones que tenía, todos se quedaron a cuadros, pero lo que me hizo reaccionar fue la actitud de mi madre, en lugar de preocuparse por mi y darme su apoyo para salir de esta situación, me dijo que dejase de hacer el gilipollas! y aquello me chocó, esa falta de apoyo, de condescendencia, me hizo despertar, salir de aquello. Curioso, verdad?

Ahora cada vez que salgo al balcón, una sensación rara recorre mi cuerpo, es el recuerdo de lo que sentí, de lo que pasé; y vuelvo a mirar al suelo, ese suelo tan cercano y tan lejano y me digo: no, ya no. Ahora disfruto de la vida, más o menos intensamente, cada momento que paso bueno o malo, cada cosa que aprendo, cada cosa que veo, cada cosa... que no podría haber visto, la asimilo dentro de mi y le saco todo el jugo posible. Para mi la vida tiene un significado diferente, no es algo que me ha dado mi madre, es algo que he tomado yo, y por eso, creo yo, la tengo más estima.

Este año quiero hacer borrón y cuenta nueva, quiero quitarme muchas cosas de encima, y quedarme sólo con aquello que merece la pena quedarse. Ya he aprendido bastante, ya me ha marcado durante mucho tiempo, ya es hora de echarlo fuera.

Una canción, un momento: WP-Matisyahu

sábado, 3 de febrero de 2007

Betania

Hola chicos! Os presento a Betania:
Es la más blanquita de piel, está a la izquierda de Pedro, el chico con gorra. Lo sé, es muy guapa (aunque no salga bien en la foto), pero nunca me han gustado feas (tomadlo como un cumplido).


Cuánto recuerdo! Es una sensación rara de nostalgia, cariño..., no sé.

Ahora que estoy escribiendo esto, lo hago con una sonrisa en la cara, aquella chica me hizo sacar todo lo bueno que había en mi, fue muy bonito. Realmente estaba enamorado de ella.
Luego lie las cosas, y aunque ella no tenía culpa de nada fue la que se llevó todo el chaparrón.

Hoy os voy a hablar de los buenos recuerdos que guardo con mucho cariño en mi corazón.

Betania es una chica normal, delgadita, alta, guapa de cara, de carácter muy alegre, típico de una chica de 18 años: con la cabeza en las nubes y los pies en el suelo. Desde el primer día que la vi en clase me gustó, al principio no pillaba muy bien el acento "brasileiro" y pensaba que era francesa... Por supuesto, como brasileña que era, tenía un culo de 10 y bailaba muy muy bien. Pues nada, me lancé y nos hicimos amigos, buenos amigos.

Me resulta más fácil contaros cosas sueltas, sin orden, sin unión, así que es lo que voy a hacer.

Lo primero que se me viene a la mente es una mañana, en la estación de trenes de Valladolid, ella se iba a Madrid a pasar la noche vieja con sus amigos brasileños. Me di el madrugón para acompañarla, ya que se iba ella sola. Subió al tren, dejó las maletas, bajó y me dio el abrazo más fuerte que jamás nadie me ha dado. Lloro sólo de recordarlo. No sé.

Recuerdo también que se ponía bolígrafos en el pelo, a modo púa, así que esa Navidad cogí madera de platanero y la tallé una púa con la silueta de Brasil en el extremo y un ojo en medio. Me hizo mucha ilusión cuando se lo di e inmediatamente se lo puso.

Resultaba curioso/raro que cuando se quitaba la coleta se atusaba el pelo y cuando algún cabello se le quedaba en la mano, me lo daba... Nunca he sabido porqué lo hacía, de hecho se lo pregunté y me dijo: "si no lo quieres, tíralo"; pero yo los guardaba hasta que al final perdieron su significado. Algunos me han dicho que si quería que la clonara... jajajaja. Si alguien sabe qué significa...?! Incluso he mirado en libros de símbolos, pero nada.

Recuerdo una mañana de invierno, había quedado con ella para hacer un trabajo, y según cruzaba el parking del hospital se me ocurrió un poema, saqué un bloc de notas y lo escribí. Cuando llegué a la biblioteca apenas podía escribir porque tenía las manos entumecidas, pero es el poema del que me siento más orgulloso, por cómo fue creado, lo que significaba, muy especial.

Solía acompañarla a casa, la verdad que era un paseo cojonudo (de largo), vivía en la calle Tórtola, cruzando la vía, pero siempre se me hacía muy corto. Me gustaba volver luego solo a casa con mis pensamientos, mis sentimientos... eran momentos íntimos para mi. Un día, era ya tarde y me invitó a cenar a su casa, me preparó una especie de tortilla. Primero separas las claras de las yemas, montas las claras, lo mezclas todo y te queda una tortilla muy esponjosa, incluso diría que llevaba jamón pero ya no estoy seguro. Nunca nadie había cocinado para mi..., excepto mi madre o mi abuela.

Recuerdo que tenía las manos frías, y yo se las agarraba para calentárselas. Había días que las tenía tan frías que hacía que me dolieran las mías...

Un día fuimos a Salamanca a ver la ciudad y conocer a la gente que había por allí. Fuimos Betania, Pedro y yo. Aquel viaje me gustó mucho. Un detalle: una terraza, con arboles, flores, se veía la ciudad, y guardé una florecilla de uno de aquellos árboles. Al final la florecilla se rompió. Acabé por tirarla.

Un detalle muy bonito que tuvo conmigo fue regalarme un texto de Albert Einstein, que habla de la amistad. Días más tarde era el cumpleaños de una persona muy especial para mí, no sabía qué regalar, quería que fuese algo especial, lo traduje y se lo di.

Después de romper la relación con ella, de estar todo un verano sin vernos, me llamó un día al móvil para enseñarme su nueva casa. La verdad que estuve muy distante, en aquel momento me sentía así. Me había traído un barquito de conchas de Recife (su ciudad natal), siempre la decía que trajera algo de allí, y después de todo el verano, sin decirla nada, después de haber roto mi amistad con ella, va y me reponde así. A veces pienso qué hubiera pasado si las cosas hubiesen ocurrido de forma diferente... El barco lo sigo teniendo en mi cuarto

En su momento cuanto menos supiera de ella mejor, se fue a Segovia a estudiar y para mi fue un respiro. Llegué a tener miedo de cómo reaccionaría al volverla a ver, si volvería a "recaer", sin embargo ahora, si la viera por la calle, la pararía y la preguntaría por su vida, "qué tal todo?". Sigo guardando su correo, aunque no creo que nunca la escriba, pese a que las cosas están mucho mejor ahora, no tiene mucho sentido volver al pasado, remover todo aquello. Si el "destino" quiere que nos volvamos a ver, así sea, sino tampoco hay que forzar la maquinaria.

Una persona, una canción: Désenchantée-Kate Ryan

P.D. Como yo sabía algo de francés me dijo que le tradujera la letra, en su momento no pude hacerlo.

lunes, 22 de enero de 2007

Sobre Victor Feliz

Hoy, según iba a la facultad me he cruzado con dos chavales, uno iba en bici y el otro andando, según pasaba una vieja el que iba andando le ha metido un grito en la oreja de tres pares, y recordando los tiempos de Victor Feliz, me he echado a reir, a lo cual el chico ha dicho: "mira, el señor se va riendo"; si los mocosos me llamaban señor os podeis hacer una idea de la edad que tenían... o eso o que ya la calvicie no se puede disimular!

Recuerdo cuando teníamos aquella edad en la que nos la soplaba todo, éramos los putos amos, y no nos llevamos hostias como panes de milagro. Victor era el alma mater, la cabeza maquiavélica que planeaba las putadas a las pobres señoras mayores, y nosotros lo seguíamos cual lider revolucionario. De las muchas cosas que hacía, recuerdo tres muy buenas, sobre todo la última. La primera era el grito de "ay", en el oído de cualquier ser humano de más de 80, por suerte para ellos la sordera ya hacía estragos y apenas se empanaban de nada. La segunda era dar una palmada en la cara de la gente, molaban los caretos que ponían... Pero la mejor de todas y cada vez que la recuerdo me río yo solo, era echar jardazos, de esos que son medio amarillos-marrones en los abrigos de visón de las viudas adineradas, recién salidas de la peluquería; pero claro, alguno dirá: "seguro que se enterarían, porque al echar una flema haces ruido"; pues no, Victor era tan profesional que se echaba todo el material en dos dedos y lo lanzaba contra el abrigo. Así podíamos ir detrás de ellas dejándolas el chaquetón chorreando. Cómo resbalaban...!

La maldad debía venir de familia, porque por lo que me han contado, cuando su padre iba a buscarles al partido metía frenazos cuando menos te lo esperabas y el que no llevara cinto, hostia contra el asiento o el salpicadero! Un día subieron a un novato y le sentaron delante, pobre chaval, no se puso el cinto y la primera se la llevó de lleno, y como el resto se reía el chico también se reía y así una y otra vez, hasta que ya las risas eran lágrimas... jajaja. Que cabrón!

miércoles, 10 de enero de 2007

Sobre mi carencia afectiva

Después de mucho buscar, de mucho pensar y de mucho sentir, por fin he encontrado lo que me ha atormentado desde que era bien chico, la falta de afecto, la falta de cariño.

Mi vida ha estado marcada por el hecho de ser hijo único de madre soltera, y pese a haber vivido con mis abuelos y no haberme faltado nada, últimamente he echado de menos el calor humano. Mi madre conoció a mi padre (de origen libanés) en el hospital clínico, él estaba aprendiendo la especialidad de medicina de urología, y mi madre fue a un chequeo, como mi padre no tenía ni un pelo de tonto la hizo volver para no sé qué... y el resultado fue una relación que acabó de forma bastante brusca. Mi madre se había quedado embarazada de él (dicen que niños "ogino" pueblan el mundo, pues en mi caso es cierto) y cuando fue a su casa a decírselo, estaba con otra, y ante aquel percal mi madre no quiso saber más de él. Intentó volver con ella, quería conocerme y cuidarme, pero la situación era muy complicada, él no podía hacerse cargo de mi, y lo más seguro era que me enviara al Líbano con sus padres, y en aquel momento estaban en guerra, prácticamente como ahora, incluso a su abuela le cayó una bomba en el patio de casa! Viendo el tema mis abuelos dijeron que ellos se harían cargo, además era niño y mi abuelo después de dos niñas tenía la espina clavada, así que fui bienvenido en casa.

Como os podeis imaginar estaban todos que no cagaban conmigo. La verdad que de mi infancia sólo recuerdo algunas cosas fugaces, la guardería, el pueblo, la bici... Cuando tenía unos 5 años, mi madre intentó rehacer su vida con otro hombre, esta vez se casó y todo, pero el tío era un jeta de mucho cuidado y al tiempo se separaron (hará cosa de un mes le concedieron el divorcio). Mis abuelos pensando que era lo mejor para ella, la compraron un piso cerca del suyo y así podría visitarla cada vez que quisiera, sin agobiarla mucho para que rehiciera otra vez su vida. Pero mi vida había transcurrido con mis abuelos y me sentía agusto en casa, así que casi nunca iba/voy a verla. En casa de mis abuelos además estaba mi tía (su otra hija) que siempre me ha querido mucho, así que de maravilla.

A los 6 años, me metieron en las teresianas y desde el primer momento me dejaron a comer allí. Recuerdo que el primer día de clase nadie vino a recogerme y me tuve que quedar a comer en el cole... Me la jugaron bien jugada, no me dijeron ni mu de dejarme a comer en el colegio y aquello me dolió bastante. Así estuve dos años creo, hasta que empecé a ir y venir solo al cole, mientras que a todos mis amigos les iban a buscar, alguna vez me dolió el no tener a nadie que me esperara. Luego todos íbamos y veníamos solos a clase así que esos malos rollos se pasaron.

En casa todo iba a peor, mi tía tendría ya unos 28 y llebaba 7 saliendo con el mismo chico, pero no llegaron a casarse y al final rompieron después de 14 años de relación! Impresionante pero cierto. Mi abuela ya estaba cansada de que siguiera en casa, y las discusiones eran continuas, día tras día, pero ella se quejaba que si la dieran un piso como a mi madre que también se largaría, y el pique por la jodida casa ha durado hasta hoy, y seguirá durando, porque aquí nunca se habla, se discute, qué hasco! Por otro lado, se pasó de la euforia de tener un nieto pequeño con el que jugar, pasear y enseñar a la gente, a tener un niño que comía, que tenía gastos... y mi abuela se intentaba escaquear de mi queriéndome enviar a un internado, pero yo no quería, estaba a gusto en el cole, tenía mis amigos y especialmente uno muy bueno y que sigo teniendo, aunque ya no es igual. Todos los putos días me amenazaba con que me llevaría al internado (como a mi madre) y como otra cosa no, pero carácter tengo mucho, pues la mandaba a la mierda y luego las broncas para mí, que si mira que decirle eso a tu abuela, que si patatín, que si patatán. Por suerte en el cole iba bien, así que mi abuela no tenía muchas razones de peso como para llevarme, así que sobreviví a la hoguera.

En el colegio me sentía realmente agusto, me sentía querido. A pocos les gustaba ir a clase, a mi sí, pero por los amigos. Los hacía reir para verles felices, sonriendo, y el hacerles sonreir me hacía sentir bien, me sentía acogido. Sin embargo fuimos creciendo y en los últimos años, cuando tenía 17-18, ya las gracias no hacían gracia, la gente estaba pensando en selectividad y en su futuro, y yo estaba a lo mío. Encima como tenía facilidad con los estudios sacaba buenas notas sin hacer mucho y eso a la gente le jodía bastante: que un tío se toque la badana, que encima no te deje atender en clase y saque más nota que tú, debe joder bastante. Yo la verdad que no me daba cuenta de las cosas, estaba en mi burbuja, hasta que se rompió al llegar a la universidad.

En la uni todo es nuevo, y más para un chico que ha estado 12 años de su vida con la misma gente, y la verdad que te sientes perdido, pero enseguida conoces gente y ves mundo. Sin embargo yo me sentía solo, ya no tenía a los amigos a los que hacer reír, y tampoco había confianza suficiente como para hacer lo que hacía en el cole, así que sencillamente iba a clase, comentaba algo entre clase y clase y sobre todo tragué horas y horas de cafetería. Todo se complicó bastante con la llegada de los estudiantes de intercambio de brasil. Conocí a una chica que desde el primer momento me llamó la atención y me obsesioné demasiado con ella, hasta el punto de llevarme casi al suicidio. Sin duda alguna, buscaba ese cariño perdido del cole, ese afecto que ya ni en casa lo tenía, pero no lo encontré y caí en depresión. Me costó mucho salir del hoyo, unos dos años, sin embargo seguía sin tener el calor que necesitaba y como no tenía ganas de nada, ni ilusión por nada, me quedaba en casa sin hacer nada, nada útil. Las notas lógicamente cayeron en picado y si de por sí la situación en casa era difícil, ahora era imposible. Así estuve otros dos años, sacando un par de asignaturas por año, muy poco. Busqué en mil sitios para sentirme bien, cada dos por tres tenía una afición diferente, incluso me dio por practicar StreetLuge, pero lo que buscaba no lo encontraba, y pasaba el tiempo. Mis amigos iban sacando la carrera o acabándola incluso, pero yo me iba quedando atrás, no tenía ninguna motivación. Hacia mayo del cuarto año, es decir mayo de 2006, sin saber muy bien porqué me puse a estudiar Álgebra, y así me pasé todo el verano, al final saqué 2 de 4, pero me sentía animado y capaz. Ya era hora de sentirme animado por la carrera, por lo menos de sentir algo y no la apatía de antes. Agarré el toro por los cuernos y me matriculé de todo lo que me faltaba para acabar el primer ciclo y largarme a Madrid a estudiar la especialidad. Por otra parte no soportaría estar dos años más aquí con toda esta mierda. Ya estoy hasta arriba y todo desborda!

Fue antes de Navidad cuando la muerte del padre de un amigo fue el detonante para darme cuenta de todo, para analizar mi vida tal y como había sido y porqué había sido así. Fue cuando encotré que los problemas que tenía, las depresiones y bajones que padecía cada cierto tiempo no era porque estuviera enamorado de una chica, era porque me faltaba afecto, y confundía sentimientos. Ahora ya sé lo que busco, sé lo que necesito, pero sigo sin encontrarlo, sin embargo ahora lo busco de forma racional y no me obsesiono con la idea de encontrarlo a toda costa.

Por fin me he decidido a soltar todo esto fuera, llevaba demasiado tiempo marcándome la existencia y ya poco más podría haber aprendido. Sé que volveré sobre el tema para quitarme cada una de las espinas que atenazan mi corazón, pero el rosal ya está fuera y se nota.

Antes de largarme a Madrid me gustaría dejar aquí todo lo malo y lo que me ha dolido todos estos años, para llevarme sólo lo mejor, aquello que merece la pena guardar en el corazón. He de confesar que aunque ya no lloro, alguna lágrima ha caído sobre el teclado. Espero que sea de felicidad

Un momento, una canción: Erase and Rewind-The Cardigans